Formentera 10km de Fart – El paraiso en un infierno de arena

Después de unos días desconectando y disfrutando de Ibiza, llegó el día de la carrera. Pero no todo era calma: en mi cabeza había incertidumbre. Días antes había estado con problemas de estómago, siguiendo una dieta blanda y sin saber realmente cómo iba a responder el cuerpo.

Además, esta carrera suponía salir completamente de mi zona de confort. No era el tipo de prueba que suelo hacer: el trail, el terreno y el formato eran algo nuevo para mí. Era, en muchos sentidos, una incógnita.

A pesar de esos pensamientos negativos, hubo algo clave. Imanol me dijo: “Estás preparada de sobra para acabar”. Esas palabras me tranquilizaban y acallaban las dudas. Al final, siempre me digo lo mismo: en una mala carrera, siempre puedo acabar andando… pero se acaba.

Con todo eso en la cabeza, me planté en Formentera, en la salida desde la Torre de Punta Prima. A las 18:00, el ambiente estaba cargado de nervios y ganas a la vez, ese cóctel previo donde todo está por decidir. De repente veo que llega Imanol al avituallamiento donde esta mi salida. No puedo creer que hayamos coincidido, me alegro mucho al verle y intento animarle a pesar de saber que lleva una lucha interna física y mental enorme.

Por fin dan la salida y el grupo arranca con energía. Yo salí con prudencia, soy muy torpe en este terreno y sobre todo quiero escuchar al cuerpo más que nunca. Desde el inicio, además de encontrar mi ritmo, llevaba otra motivación: intentar coger durante el recorrido a Imanol.

Los primeros kilómetros fueron de adaptación, midiendo sensaciones y dejando que el cuerpo se fuera soltando. Poco a poco fui encontrándome mejor. A pesar de las dudas previas, el cuerpo respondía. El recorrido exigía, pero también regalaba momentos únicos. Menudas vistas! Aquello era el paraiso en un infierno de arena.

Y entonces apareció ese pensamiento que me empujó: imaginar el enorme esfuerzo que estaba haciendo Imanol, corriendo durante horas y tantos kms entre arena y rocas, en lo que para mí era casi un infierno. Ahí lo tuve claro: yo no podía permitirme andar por la arena.

Así que me repetía una y otra vez: “trota, trota, trota… poliki poliki, aurrerantz”. Poco a poco, hacia adelante. Sin rendirme.

A mitad de carrera llegó el momento clave, por fin se acaba la arena. Las piernas empezaban a cargar, pero la cabeza ya estaba en otro sitio: más fuerte, más convencida. Seguía atenta al recorrido, con la ilusión de poder verle en algún punto, mientras cada kilómetro sumaba confianza. Recordaba esas palabras, ese “estás preparada”, y seguía avanzando.

Finalmente, crucé la meta con un tiempo de 1h 12 minutos. Pero, en realidad, la marca nunca ha sido lo importante para mí desde que corro. Correr me da otras cosas: superación, calma, aprendizaje, confianza y esa sensación de seguir avanzando incluso cuando parece difícil.

Y al final entendí que no era una carrera contra el tiempo, era una carrera contra mis dudas… y esta vez, gané yo.

Por Inma

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