Crónica 50 kms Santander

50 kilómetros son más que 42.

Me presenté en Santander con muchos nervios por competir en una carrera larga por primera vez en más de 1 año y por ser un campeonato de España. La carrera se hace en un circuito de 5 kilómetros, yo pasé la noche en Santander pero otra opción es madrugar e ir en el día, se puede aparcar muy cómodamente allí mismo. El ambiente en la salida era de poner la piel de gallina, sabiendo que iba a competir con los mejores tanto en la carrera de 50 como en la de 100.

Tras el control de dorsal nos colocamos Imanol Benito en un punto marcado en el suelo separados 1’5 metros uno de otro y esperamos a la salida y a pasar los primeros 200 metros para poder quitarnos la mascarilla. De salida nos encontramos con un primer repecho, que en posteriores vueltas nos va a tocar siempre tras pasar por meta y coger el avituallamiento. Se hace duro ese repecho y difícil meter los aquarius en subida. Después recorrido zigzagueante, con algún giro cerrado y otro repecho duro final antes de entrar de nuevo en zona de meta. Esa primera vuelta se forman muchos tapones, intento ir en un grupo que sabía que iban a ir rozando los 4 minutos por km, pero noto que voy forzando y que ese ritmo ese día y en ese circuito no es una opción viable para mí. Aunque los dejo ir, el pulso no me baja en ningún momento de 150 pulsaciones, algo que al principio achaco a los nervios, pero está claro que la humedad y la dificultad del circuito pasan factura.

Aunque me repito que las carreras no son cómo empiezan sino cómo acaban, no quiero ir más lento de 4’05-4’06 el km y ahí cometo mi error fatal, no darme un poquito más de margen para ir algo más lento y mantenerme por debajo de las 150 pulsaciones esas primeras vueltas. En un principio sin embargo parece que puedo haber acertado, sin subir de pulso las vueltas me salen un poquito más rápidas cada vez, muy poco por encima de 4 el km. Pero a partir del 30 empiezo a notar que ya va costando un poco más, quiero mantener el objetivo de 3 horas y 25 minutos, paso por el 35 y sigo en ritmo, pero a partir de ahí los kilómetros empiezan a pesar y se van escapando segundos. Empiezo a pensar en asegurar llegar a meta bajando un poco más el ritmo, pero no lo hago a tiempo, y para el paso por el 40 ya estoy sentenciado, aunque me paro a beber. Estoy un poco dolorido de la zona lumbar y de un gemelo, se me hace muy duro seguir corriendo y sé que si paro a andar ya no podré volver a correr a un ritmo sostenido. Paso por el km 42 y decido abandonar cuando llegue cerca de la zona de meta, un poco más adelante.

Realmente no me arrepiento para nada, aunque a la vez admire a Imanol que consiguió llegar a meta. Me faltaban 7 kilómetros para acabar que tendría que haber hecho andando y ni aún así estoy seguro de que hubiese podido llegar, habría sido una paliza y nunca me ha motivado acabar por acabar, la carrera ya me había derrotado. Y todo porque me faltó un poco de temple y cabeza. Por llevar un ritmo más acorde con mi estado de forma y las condiciones ambientales y del circuito, y porque pasar de la distancia de 42 kilómetros me sigue pareciendo una frontera, seguramente más mental que física.

Por Ander Zorita

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